lunes, 9 de febrero de 2009

CARBONERO.

Soy manya ¨desde mi más tierna edad¨.
Peñarol ha sido como el sol de los domingos, los brazos de mi madre, el olor conocido de mis viejas frazadas, mis amigos, mis hermanos, mis sueños de toda la vida.
Mi viejo, humilde peluquero de barrio, no tenía chance de solventar otro paseo para cinco varones, que llevarnos el sábado y el domingo al estadio Centenario.
Allá en la infancia, vivíamos a unas pocas cuadras y además los menores no pagábamos la entrada. Todos éramos de Peñarol, que además en aquellos años ganaba todo, nuestra adhesión que venía de tradición familiar, mi tío Mario da Cunha jugó en la primera del Club, se veía redoblada por los éxitos. Campeones uruguayos, campeones de América, campeones del Mundo.
Sin embargo, aprendimos de mi padre, sufrido hincha de Nacional(para que quede clara la marcada influencia de mis tíos maternos y toda la parentela manya) a respetar a los demás clubes y ser capaces de ir a ver, con fría admiración, también al otro grande.
Porque en aquel tiempo, los dos grandes del fútbol uruguayo, jugaban siempre en el estadio Centenario, los sábados y domingos.
Es decir, si tocaba el sábado Peñarol, claro, gritábamos y festejábamos los goles como locos.
Y cuando el domingo, naturalmente, tocaba Nacional, aplaudíamos la calidad de las buenas jugadas y admirábamos los goles, sin poner el corazón.
Seguramente, mi padre alentaba la esperanza que alguno de los más chicos ¨se diera vuelta¨y se hiciera hincha del club de sus amores.
Esto, con mucha paciencia y muchas idas al estadio, lo logró con mi hermano más chico, Alvaro, que llegó a la adolescencia siendo ¨bolso¨ y hasta el final de su vida continuó siendo hincha de Nacional. Aunque recuerdo una foto de Alvaro con 3 años, alineado con otros gurises del barrio, frente a un club del barrio cuando lo visitaron los campeones de América y del Mundo en 1966.
Los demás resistimos las artimañas y los artilugios del viejo, para su decepción seguimos siendo manyas sin renuncias.
Hoy, hay voces que denuncian que el equipo ¨entregó el partido¨ contra Danubio, para que Nacional no saliera campeón del apertura. Hay noticias de que un grupo de barrabravas amenazaron a los jugadores para que no ¨ganaran el partido y fueran para atrás¨.
Incluso un gran sector de la tribuna de Peñarol gritó el segundo gol de Danubio que selló la derrota de nuestro club.¿Cuál es?
Esta es la miseria del fútbol uruguayo de hoy, encadenado a los intereses de una empresa y un empresario que lo controlan todo.
Un fútbol que ha convertido al enorme Peñarol en una caricatura de lo que fue, con un técnico que dice discursos de un machismo trasnochado, que no juega a nada y una hinchada que grita los goles de los rivales, para que sufra Nacional.
La lógica del magnífico cornudo.
Para quien ama y amará siempre al glorioso carbonero, el club de las hazañas, más allá de los resultados, nos lleva a pedirle a San Spencer de las Tabas, aquel caballero de fina estampa, ¨perdónalos, que no saben lo que hacen¨. 

1 comentario:

El Gato dijo...

Comparto totalmente lo dicho... como no podía ser de otra manera. Yo también vi mucho fútbol en aquella gloriosa década del '60. Confirmo, que por mi corta edad, hay un valor agregado a toda aquella maravillosa época. Pero no solo veía al primer equipo. Por aquellos años, el preliminar lo hacían las "Reservas". Que no daría hoy por tener un primer equipo como aquel de Reservas... En el arco Pintos... los backs eran el "Negro" Baeza y Carlos Pérez y en la delantera recuerdo a Etchechury, Alfano, Bertocchi... y a aquel 9 de la gran puta... Angel Rúben Cabrera. Pensar que ni picaban con los del primer equipo. Por el lado de Nacional, algunos nombres de la reserva: Jacinto Callero de golero... Filomeno, Amarilla, Maneiro, Telmo Blanco y otro flor de 9... Pedro Alvarez.
Y los equipos titulares... Uno podía recitar de memoria las alineaciones... Aún el dólar no imperaba en el fútbol. Pero no solo recuerdo a Abbadie, Rocha, Silva, Spencer y Joya... o Sosa, Troche y Emilio Alvarez, Cincunegui, Montero y Mujica; Cubilla, Espárrago, Artime, Maneiro y Morales... y ojo que soy manya desde que nací. Pero aquel Nacional también de Zezé Moreira y el Pulta Etchamendy era una máquina. Pero lo que te decía antes... los años y el tiempo, se encargan de darle tibieza a los recuerdos. Porque fuimos nosotros, los inventores de la "viveza criolla". La tierrita en los ojos de Santoro, se la tiró el "Pepe" Sasía... Y el legendario Washington Cataldi se cansó de ganar en la Liga, los puntos que se perdían en la cancha. Según cuenta la leyenda, Cataldi era capaz de hacer un asado dentro de una garrafa de gas y te lo dejaba jugoso... Pero eran otros los códigos. Parezco un viejito hablando, pero eran otros... La mezquindad... Comparto con Don Mario Benedetti cuando dice que una de las peores cosas que nos dejó la dictadura, fue precisamente la mezquindad. Aún hoy recuerdo el enojo de Carlitos Solé con aquel Estudiantes de la Plata de los Bilardo, Madero, Pachamé, Malbernat... el de las agujas para pinchar a los rivales en un córner, el de las botellas de agua con Valium para que los rivales se "refrescaran"... Me fui de largo... pero ver a este Peñarol de Ribas con Damiani hijo a la cabeza no resiste la mínima comparación con aquel de Roque Gastón Máspoli y el Cr. Güelfi y Cataldi... Para el final, gracias a la magia de los blogs y al ida y vuelta... al vaivén... puedo decir que Jackie, la hija del gran Alberto Spencer, dos por tres me manda noticias desde Montevideo.
Mi queridísimo Macu... sabrá usted disculpar lo extenso de mi comentario, pero cuando se disparan los recuerdos... no me puedo frenar. Como hacía el "Negro" Joya por la Olímpica, bah.
Un abrazo grande y salúdeme a toda la familia.