martes, 19 de agosto de 2008

HOMBRE LIBRE SIEMPRE AMARÁS AL MAR.



La noticia de la muerte de Dorival Caymmi fue casi como la del abuelo que no conocí.
Anduve todo el día con una sensación de pérdida, de desamparo que no confesé a nadie entonces, y que comparto ahora. Como siempre, me consolaré pensándolo de gira, por alguna playa celestial, cantándole a pescadores alados, carentes de naufragios y penas.
¨94 años son muchos¨, diría Sylvia con su lógica reflexiva, y es probable que no haya dolor en la partida de un hombre que vivió a su aire, con una vida plena, con unos hijos maravillosos, cruzados con el Padre Mar y con la Madre Música, con sangre de Caymmi y de cocos jugosos.
¨No puede haber pena¨, dice mi cabeza,¨sino memoria festiva, de Dorival y sus canciones del mar, que no tienen edad como él, que no nunca conocerán la pleamar, aguas en retirada¨.
Es así, me digo para aventar la melancolía y la bajante del corazón.
Pero, por un rato al menos, todo resulta inútil, Caymmi se ha ido y la tristeza no tiene fin.

No hay comentarios.: