jueves, 27 de marzo de 2008

MARIANNE BERTA PRESENTE.

Flores para Mariana 

Conocí a Marianne Berta, estimo que allá por 1972 o 73 en casa de Alberto ¨Pocho¨Macadar, un excepcional bajista que tocara con Pájaro Canzani y con el Expresion Jazz Quartet.
Pocho Macadar, cuya capacidad musical sólo puede medirse en el bajo con arco, que muchos confunden con un violoncello, que toca en ¨Nadie¨,una de las canciones del primer disco de Eduardo Darnauchans, era por entonces profesor del Conservatorio NEMUS. Hoy, ya desde hace muchos años, se encuentra en Campinhas alejado de la música y de todo lazo con Montevideo y sus amigos de entonces.
Pero una noche invernal, después de un concierto, conocí a Marianne, flautista y oboísta, una muchacha rubia, rostro aniñado y unos purísimos ojos claros, señas inequívocas de su ascendencia suiza.
No fuimos lo que se dice amigos en un sentido estricto, la cruzaba en una esquina o en un recital, estábamos en actividades distintas.Excepto claro, y no es poca cosa, en los grandes asuntos políticos y sociales, derechos humanos, reclamo de justicia, en los que convergimos más de una vez, en actos, declaraciones y demostraciones.
Hoy,mi amigo el guitarrista Carlos Morales, me avisó de la muerte de Mariana, como la conocían todos sus compañeros de la música popular y de la llamada ¨música culta¨. Ocurrió el 20 de marzo.
No puedo menos que colocar esta pena en el blog y solidarizarme con el intransferible dolor de su esposo, padres y familiares.
Escribo estas palabras para dejar fijada una instantánea de memoria de la bella y sutil persona, como la bailarina de sea de Hans Christian Andersen, que fue Mariana Berta.

2 comentarios:

El Gato dijo...

Macu:
Qué será? Es acaso este tiempo en el que nos toca vivir y se va llenando todito de ausencias? Y cuando digo este tiempo, hablo de la etapa de la vida en que vos y yo nos encontramos, a la que indudablemente se ligan las ausencias. Es una atrás de otra. A cachetada limpia. Y uno no se acostumbra, no puede acostumbrarse. Suena egoísta y lo se. Decía mi viejo "pobres los que se van, porque nosotros mal o bien, nos arreglaremos para seguir viviendo". Esa frase la repetía ante cada ausencia, como una forma de paliar el dolor. Pero cuando murió mamá... ya nunca más lo escuché decir esa frase. Hay ausencias y hay pérdidas. Dice el viejo Mario en "Vivir adrede" a propósito de las ausencias:
"Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavía son y los que fueron. Y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria. Ellos nos cuentan su impiadosa sobrevida, aunque, eso sí, marcando siempre su territorio que es sólo invierno." Era solo para decirte que entiendo y mucho tu sensación de ausencia. La distancia debe actuar, debe hacer en este caso, que mi entendimiento se transforme en abrazo.

FLACA dijo...

Comparto contigo esta pena. También conocí a Marianne hace muchos años y guardo de ella la misma imagen: con sus cabellos lacios y rubios, la cara aniñada, los ojos azules, la voz suavecita y aquella sonrisa. Nos regaló todos estos años la calidad y la dulzura de su música.Realmente, qué pena, qué ausencia.