jueves, 5 de julio de 2007

UN POETA AMIGO, EDUARDO NOGAREDA


Macunaíma, el poeta Julio Garategui y Eduardo Nogareda

Eduardo Nogareda, y Héctor Numa Moraes en la presentación del libro del primero.

Campo orégano para viejos compinches.


Antes de que fijara su larga residencia en Madrid, casi treinta años, la última vez que vi a Eduardo Nogareda fue en la radio Vanguardia que funcionaba en los altos del viejo teatro Stella d´Italia, que por entonces se hacía llamar ¨Nuevo¨.
Nogareda era, además de colega de la emisora, compañero mío del Instituto de Profesores Artigas que funcionaba en el local del legendario IAVA.
En aquellos días de zozobra y coraje, yo apreciaba en aquel hombre la frescura que tenía como comunicador, pero desconocía al poeta y al cantautor que también lo habitaban.
La vida, como dice Ungaretti, es el arte del encuentro, así que mi calle volvió a cruzarse con la que transita Eduardo cuando, desde Madrid ,me anunció que volvía a casa y que necesitaba que testificara sobre sus años de trabajo en distintas emisoras uruguayas. Nogareda vino y se fue,en tanto, como supervivientes, el poeta Julio Garategui y un servidor, dimos testimonio sobre él y su vida laboral.
Después volvió para quedarse, y mientras me pagaba una cerveza que me debía, me anunció que el hermano Julio y yo deberíamos escribirle un prólogo(en lo que se refiere a mí, y tomando en cuenta que Nogareda ya es un tipo grande, me pareció tamaña desmesura). Pero, como se sabe, el corazón tiene razones que la propia razón desconoce, así que puesto a escribir, vuelvo a dar testimonio sobre él, ahora en su relación con la poesía.
Tardíamente leí ¨El aire es un gran animal¨(1986) y ¨El estruendo de una mosca¨(1991) los dos libros que preceden a ¨Pensando campo, y que me mostraron al poeta
que vivía con los otros Nogareda. ¨
El primer libro me resultó como un largo poema, con imágenes de gran plasticidad como ¨una mujer que recuesta su cuello grácil en el atardecer¨.
El aire de su primer libro estaba lleno de dibujos, estampas y estampitas.
En el segundo, confeso perseguidor de las palabras para que salgan de sus habitaciones,
Nogareda prende sus hogueras para encender luz donde está oscuro.
¨hoy quiero abrir una ventana en la tormenta
salir a buscar barcos en armarios
y cosas de luna bajo las mesas¨
Ahora, 2006, estoy leyendo una vez más, ¨Pensando campo¨, el libro con el que el poeta se vuelve a enraizar en su tierra. Mientras lo hago escucho ¨Modern times¨, el nuevo disco de Bob Dylan, y la referencia no me resulta caprichosa, porque no deja de ser curioso que alguien como yo, que como dice el poeta Rolando Faget ¨está hecho de cemento y lo celebra¨, deba asumir la responsabilidad de introducir al lector a un libro que tiene al campo como motivo poético central.
La poesía tiene sus misterios. Y la vida es el arte del encuentro.
Sin embargo, quisiera decir que este campo pensado por el poeta no es sólo verde y nada más, no es un campo de postal y de engañifa.
Este campo de Eduardo Nogareda es el ¨suelo del cielo¨, un campo grande y solo, por el que podrían pasear del brazo Rubito Lena y Don Antonio Machado, con el tiempo y el ritmo de un film polaco para poder quedarse un poco más de este lado de la vida.
¨Pensando campo¨, además de recordarme a estos fantasmas entrañables , capaces de ver en los atardeceres figuras extrañas en el teatro del horizonte, me enfrenta a un poeta verdadero.
Un poeta que reafirma la certeza de la esperanza, envuelta en su bata de utopía, porque el filo de luz más tenue alcanza
para cortar el hilo gigante
de la oscuridad en el campo.



Atilio Pérez da Cunha
(Macunaíma)

5 comentarios:

Martín dijo...

estoy intenyando conectar con eduardo, soy un viejo amigo suyo ( sobre todo viejo) de Madrid. mi nombre Martín Valmaseda mi email martinguat@gmail.com. un saludo afectuoso.

Jose Maria Lemos Rabellino dijo...

Fallecimiento de Quintin Cabrera

La noticia me sorprendio...un gran dolor...el consuelo de su canto, de su musica...sus sentimientos...un beso grande a vos Eduardo y a mi prima chocha, espero contactarnos pronto..

Jose Maria Lemos Rabellino

Ulises dijo...

Para Eduardo Nogareda
Su nombre quedó grabado en mi memoria, a lo largo de cuatro décadas, desde cuando escuché por primera vez "El programa sin nombre".
Tanto así, que gran parte de la música que atesoro de mis nostalgias montevideanas es la que usted me ayudó a conocer.
Recuerdo que una vez lo llamé para pedirle "Navidad entre rejas", y usted me dijo: "Uy, no... Si paso esa nos vamos todos presos", o algo así.
Vivo en el exterior desde 1982, y en los últimos años pude ubicar a varios amigos por internet.
Hoy, sin motivo aparente y pocas expectativas se me ocurrió buscarlo en la red, y me emocionó tener noticias suyas.
Un fuerte abrazo desde Guatemala,
María Cristina Arias
centauroguatemala@gmail.com

Ulises dijo...

Para Eduardo Nogareda
Su nombre quedó grabado en mi memoria, a lo largo de cuatro décadas, desde cuando escuché por primera vez "El programa sin nombre".
Tanto así, que gran parte de la música que atesoro de mis nostalgias montevideanas es la que usted me ayudó a conocer.
Recuerdo que una vez lo llamé para pedirle "Navidad entre rejas", y usted me dijo: "Uy, no... Si paso esa nos vamos todos presos", o algo así.
Vivo en el exterior desde 1982, y en los últimos años pude ubicar a varios amigos por internet.
Hoy, sin motivo aparente y pocas expectativas se me ocurrió buscarlo en la red, y me emocionó tener noticias suyas.
Un fuerte abrazo desde Guatemala,
María Cristina Arias
centauroguatemala@gmail.com

Comején dijo...

Estoy intentando entrar en contacto con Eduardo, nos conocemos desde el '67 y nos volvimos a ver hace 3 años en Montevideo, pero desde hace dos meses su correo "cosasdeltruco" me viene rebotado, alguien sabe algo??.
Juan M. Neira Cruz (Jacky de los años jóvenes)