viernes, 26 de junio de 2015

Litto y Miguel


Memoria de Geraldo Flach.

Mi maestro, don Washington Benavides, natural de Tacuarembo, centro norte del país, escribió en un poema maravilloso  sobre lo que permanece en la memoria, hebras de vida, jirones, fotogramas de viejos filmes incunables y extraviados en cines abandonados.
Se trataba de un asunto de cacería y de perros, pero lo que permanecía en su memoria no era la aventura central como un cuento de Kipling, sino los ojos desolados de un gurisito de campaña, asomado a ver el estruendo de la perrada.
Lo que permanece en la memoria es siempre una caprichosa edición de un viejo operador en la moviola, pegando unas imágenes rodadas hace tiempo en un orden que sólo entiende el corazón en lo profundo de sus cavidades.
Así nació este programa, activado por una imagen de video de Cynthia Flach, hija del pianista, compositor y productor Geraldo Flach, pilar de la música de Rio Grande do Sul.

Ella hablaba de su padre y de la madre música y de pronto me invadió una inexplicable saudade por Geraldo Flach y su piano
A mi amigo Leonardo Deus Gil, compositor de Minas Geraes, más conocido como Leo Minax, le gusta algo que escribí sobre el mar, llamándolo de ¨teléfono azul¨.
Desde Mozart, aquel mutante, pasando por Duke, Manolo Guardia, Hugo Fattoruso o Geraldo Flach, el piano es también un inmenso mar, de armonías y melodías admirables.

Teléfono  y piano, son azules y maravillosas  herramientas de comunicar, para navegar los mares de la desolación y las hebras  divinas de los que está hecha la condición humana.
No conocí personalmente a Geraldo Flach, pero lo conozco bien, porque parafraseando al maestro Ruben Lena podría decir: " Algunos hombres son como sus músicas y por ellas se les conoce bien".
Sorprendente, provocador, obsesivo, sutil espectro de las calles de la melancolía, con sus dedos de humo y alcohol.
Sin la singular contribución de Geraldo, como compositor, arreglador y poductor, la música de Río Grande no sería lo que es.
En 2011, el cancer, esa enfermedad de espanto, nos nos privó de músicas que latían como mariposas nocturnas en el corazón del piano de Geraldo Flach.
En 2011, el dejo atrás un cuerpo que lo hacia sufrir y se hizo memoria en muchos que agradeceremos  por siempre su fecundo paso por la vida.
De esto se trata, este modesto homenaje que al sur del Sur, que hacemos desde la música y el sentimiento.


Junio de 2015, desde el viejo Malvin y cerca del mar

Atilio Perez da Cunha ( Macunaima)

viernes, 13 de febrero de 2015

Discriminacion.



Cuando mis padres eran novios, la comunidad negra hizo un baile en el Club Uruguay.
Estimo que mi viejo tendría entonces 22 y mi mama no tenía más que 16.
Era un baile de gala, de vestido largo y de cierta etiqueta, al que habían invitado a mi madre muy orgullosamente porque era hermana de un futbolista entonces reconocido.
Mi madre advirtió a mi viejo que tenía que ir vestido adecuadamente y el tuvo que salir a comprarse un traje nuevo.
Por entonces papa era oficial peluquero en una peluquería de ,la Ciudad Vieja y tuvo que salir después del trabajo apresuradamente a General Flores para comprarse el dichoso traje.
Después mi abuela le ajusto el bajo del pantalón, le plancho su mejor camisa, mientras el lustraba cuidadosamente sus zapatos.
Papa se recorto el bigote y se peino cuidadosamente con gomina y un toque de Glostora, un aceitoso producto de la época que dejaba el cabello brillante.
Saludo a su madre y a sus tres hermanas que en la intimidad le decían " Negro", aunque como ven, mi viejo, nieto de tanos y gallegos, no tenía nada de afro.
Salió contento con su traje nuevo, con la invitación al baile cuidadosamente guardada en el bolsillo, siguiendo la recomendación de la novia que le había pedido que no la olvidara.
El Club Uruguay brillaba en todo su esplendor y mi madre era acribillada a preguntas por las organizadoras;" Ah así que tenes novio?", ¿ El que hace", ¿ Cuando piensan formalizar?", " ¿ De qué familia es?".
Cuando mi viejo llego al Club los porteros que vigilaban rigurosamente el acceso no lo dejaron entrar.
Mi viejo mostró la invitación y dijo que su novia ya estaba adentro, pero los tipos seguían diciéndole que no podía entrar y que se retirara de la puerta.
En esa época no había celulares, ni mensajes de texto, ni what's app, ni cosa parecida.
Así que mi viejo se fue a la plaza a ver si mi madre lo veía desde los balcones del Club Uruguay.
Mi vieja adentro era un manojo de nervios porque había pasado ya mucho tiempo de la hora pactada y mi viejo no llegaba.
Además en esa época mi misma era una muchacha muy linda y los cuervos la tenían asediada con "¿ Me concede esta pieza señorita?"
-" No, gracias,Nestor esperando a mi novio, que llegará de un momento a otro" contestaba mi vieja.
Mi vieja salió finalmente a tomar aire al balcón y a ver si lograba ver a mi padre.
Y lo vio, paradito en la plaza Matriz, mirando hacia los balcones.
Con gestos desesperados le explico que no lo dejaban entrar.
Mi vieja se volvió iracunda hacia las organizadoras y les dijo que no dejaban entrar al novio.
-" ¿ Se habrá olvidado de la invitacion?"
-" No", contestó mi madre, " la trajo".
-" Bueno, ¿ quizás no esta vestido adecuadamente?"
- " Esta vestido como corresponde", retruco mi madre.
Una de las mujeres se levanto un poco el vestido largo y salió presurosa a ver que había pasado.
Volvio al rato para salir con un gesto d desdén a mi madre:
" Lo siento querida, tu novio no puede entrar porque no es de la raza".
Mi vieja se marcho entonces y camino con mi padre por la calle Sarandi que entonces no era peatonal.
Esa noche terminaron en el bar Mera en el barrio del hogar materno comiendo pizza y faina, mi viejo de traje y mi vieja de vestido largo.
Para redoblar la apuesta esa noche en el Club Uruguay tampoco dejaron entrar a una hermana de mi madre, mi tía Tita, porque de todas las hermanas era la mas clarita y pasaba por blanca.
Mis padres ya no están para precisar detalles que ya no recuerdo y que quizás se están volviendo literatura, pero si se como les dolió en el alma aquella noche marcada por los prejuicios y el racismo al revés.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Tristecia por milonga



después de cien mil cigarrillos
de menos
Alfredo Zitarrosa  se aparece
en la noche de mis sábanas
diciéndome con obstinación perruna:
" no me vendas ni me compres
que no soy mercancía muchacho"
caprichosa manera de presentarse
con el impecable traje oscuro
la boca grave y honda como un libro
el labio pegado al cigarrillo
"el que me debe la vida"
- dijo sin quejarse-
sonrió como sólo puede hacerlo
aquel que sabe poner comas
puntos y aparte
adjetivar sin dar muerte a las cosas más bellas
Alfredo dio una pitada gloriosa
y apoyado en la ventana susurro:
-como una cadena
deslizandose en la rondana-
" ya viene el día cuídate-
para salir apenas por un rato
al Otro lado.

viernes, 15 de agosto de 2014

Osvaldo

 
A Osvaldo Fattoruso



Un piano  vertical
con unos dedos como algas azules
estirandose sobre las teclas
de la melancolía
- esa gorda tristona
y ebria sin remedio-
un contrabajo de caja como un mascarón de proa
de un galeón español
marcando el paso como tacones
descendiendo al fondo del bodegón
una estela dorada de licor sobre la niebla
de los altos hornos de la noche
osvaldo sentado detrás de los tambores

Llantos

Llantos.

Miguel Hernández construyo una inmensa catedral de dolor y pena( " pero sin dios afuera") para Ramón Sije, su compañero del alma.
Y uno lleva sus propias catedrales hechas de llanto y bronca por los amigos que ya no podrá abrazar.
El Gordo Troilo, gigante y sabio,dijo una vez que " uno no se muere de golpe, se muere de a poco en cada amigo que se le muere".
Espectros afables y queridos se agolpan del lado de la zurda, con risas singulares, palabras, miradas, gestos y todas esas cosas de la que esta hecha la memoria y marcan su presencia en los mapas del corazón.
La imposible Montreaux será siempre Graciela.
Salto oriental el gordo Rolando Faget y Brian Peralta.
Porto Alegre Cao Trein, Carlinhos Hartlieb, Nico Nicolaievski, Fernando Ribeiro y Nando D' Ávila.
No hay rincón de Montevideo, un día y otro, en el que no me cruce con un recuerdo del Choncho Lazaroff, mi hermano el Darno. Capagorry que fue en cierto modo padre, Marcos Gabay y tantos.
Uno entonces anticipa el llanto por su propia vida.



Llantos.
Las mareas del alma también hacen naufragar cosas muy valiosas: todos los sueños apacibles que has dormido en una cama, el par impar y las mariposas nocturnas de la ternura.
Entonces viejos llantos, que creías vueltos nubes de tu propio cielo, de nuevo se asoman a tu cara.


Llantos.
Seni Labart, poetisa uruguaya de mi generación, me contó una vez que cuando su madre quedo sola lloro un río en la habitación y el piano naufrago para siempre.
Ella era así, respondía de un modo poético para explicar ciertas circunstancias de la vida, de la muerte y también el llanto.
Alguien que llora un río es que ha sido inundado por la desolación y la pena.
Frente a eso, no sale a flote ni el piano más pintado, en el que la Mama de Seni nos enseño por que Mozart es un mutante y Chopin un poco maricon, pero maravilloso.

Llantos.

En 1975, con mi amigo Carlos Perdomo, fotógrafo publicitario, fuimos detenidos por sacar fotografías en el Hospital Vilardebo para un espectáculo.
Nos detuvo un policía de particular que entendió que no se podían fotos allí y nos llevo a una seccional.
Carlitos trabajaba pasa una agencia de publicidad que trabajaba para un ente oficial repleto de milicos, por lo cual cuando vieron las cámaras y los negativos nos pasaron a Inteligencia y Enlace en la calle Maldonado.
Los tipos allanaron mi casa y la de Carlos y se llevaron todo lo que pudieron.
Pero no hablare de nuestras peripecias porque sólo nos  llevamos algunos golpes y además el gran Walter Pérez, dueño de la agencia y suegro de Carlitos, intervino y los liberaron. Nos hicieron precio y la sacamos muy barata.
Lo que sigue contare es la última noche.
Estábamos  tirados en un rincón de una habitación con la cabeza tapada por una manta, nos tenían así para que no viéramos nada.
Trajeron a alguien, que después pude identificar e incluso avisarle a la familia que estaba vinculada al Zithlovski.
Lo habían maltratado mucho y estaba esposado, porque se movía y se sentía el ruido metálico de las esposas contra el piso. Imploro agua toda la noche con desesperación y sólo obtuvo risotadas, burlas y golpes.
" Ustedes calladitos", nos decían a nosotros tirados en el rincón opuesto.
Recuerdo que llore por ese compañero, por mi y por todos los que estábamos en ese infierno.
Unos días después sentados en un café, Carlitos, que era un alma buena, me dijo: " Sabes que llore de impotencia aquella noche horrorosa? "

Llantos.

A los 4 años, aferrado a las rejas de mi casa en la calle Abacu, lloraba porque quería ir tras los niños que de túnica blanca pasaban por mi calle rumbo a la escuela Austria.
Lloraba tanto que mi madre fue a pedirle a la directora que hiciera una excepción y me admitiera en jardinera.
Tras idas y venidas logro que me aceptaran.
Fui muy contento de la mano de mi padre y me sume a los chicos que jugaban en el patio de la escuela, que no fueron demasiado amigables conmigo.
Más aún, fueron hostiles y crueles conmigo, era el " nuevo" y además más chicos que la mayoría.
Había estado deseando ir con estos niños que pasaban alegres a un lugar encantado que llamaban escuela.
Ahora estaba allí, lo que tanto había deseado, pero me daba cuenta que estaba sólo rodeado de realidades paralelas.
Cuando me volví desesperado a buscar a mi padre, el ya no estaba. Corrí a la reja de la escuela y vi que el iba caminando calle arriba.
Me sentí desolado y otra vez estaba llorando aferrado a unos barrotes.
Hay ilusiones que te hacen llorar y cuando te desencantas de ellas, lloras de nuevo.



Mojos & Mojones

                                                                         
                                                                     Atilio Pérez da Cunha  
               

                        Estampas de Macunaíma
                                                    A mi primo P.B.

Antes que mi tío mayor "decidiera" que teníamos que ir a vivir con la abuela María, mi pasado era apenas un puñado de recuerdos fragmentados, fotogramas de sueños perturbadores e imposibles.
  En aquella casa de la calle Girósiempre había un mundo de gente. Estaban mi primo Milton, hijo de unaprima de mi madre, el tío Cassiano, la abuela María yaquellos visitantes ocasionales, que suelen permanecer como si tal cosa interminables temporadas.
Eran antiguos vecinos de Pueblo Cardozo o de Paso de los Toros que habían caído del Norte a la capital " por efecto de la ley de gravedad", como decía Belchior, o a causa dealguna desgracia.
  Algo así le ocurría a Marciano, un amigo de la infanciade mis tíos, que había traído a su mama a Montevideo para hospitalizarla. Era un tipo amable y muy atento. Mis tíos y mi abuela lo adoraban, sobre todo porque cuidaba a su madre en el hospital " como una hija", expresión queescucharía varias veces años más tarde. El tipo la lavaba, le cambiaba la ropa, la perfumaba y la peinaba con esmero. Pero, un día salió un momento de la sala para tirar unos residuos y traerle agua a su madre y, cuando volvió,ella se había ido.
Lo recuerdo llorando con desesperación, tirado sobre la cama en la que dormía mi tío Cassiano. Fue la primera vezque vi llorar a un hombre.
  Otros de los personajes frecuentes en la casa era una mujer que se llamaba Gala tenía el pelo blanco plata, recogido en un rodete, usaba anteojos de armazón de metaluna pañoleta asegurada al pecho con un enorme prendedorUsaba un bastón para pedirnos atencióngolpeando el piso o para advertirnos que nos vigilaba cuando estábamos a punto de hacer una travesura.
El toc-toc en el piso y la mirada severa de Gala, nunca se pasaban por alto. Ella llegaba con un inmenso baúl dondeguardaba sus enseres y sus ropas que olían fuertemente a naftalinaEn aquel baúl, entre otros misteriostenía un mono a cuerda, de lata. Le faltaba una mano, por lo cual lo había bautizado " el Mono Manco" y era una de sus posesiones que más despertaba nuestro interés.
Pero Gala usaba al pobre mono como un elemento punitivo, ya que siempre nos estaba amenazando con un " si no comes, o sí haces esto o aquello, el Mono Manco te va castigar". Lo mostraba furtivamente y lo volvía a esconder en el fondo del baúl. Esta es la parte menosamigable del recuerdo de aquella mujer, que fue para mi madre como una tía de sangre, pero que me provocabapesadillas nocturnas con el Mono Manco y sus poderes maléficos.
 A la casa de la calle Giró también llegaba cada poco otro personaje memorable: Agustincito. Era un hombre fornido, pero todos lo llamaban así. Su sola presencia en la casa yanos ponía sobre aviso: mientras estuviera él no podríamos correr, ni saltar, ni gritar, ni hacer todo lo que hacen los niños cuando visitan la casa de la abuela.  En realidad, las cosas eran así porque Agustincito estaba desahuciado. La mujer ya vestía de negro, se sonaba la nariz a cada rato y lloriqueaba por los rincones. Mis tíos la abrazaban, las tías preparaban té y la abuela la confortaba con palabras susurradas para que no la oyéramos los niños.
    Este es el fotograma de Agustincito y su mujer: un tipo gordo durmiendo la siesta y la mujer al lado de la cama,sentada en una silla  velando el sueño del desahuciado.
"Shhhhh, está Agustincito durmiendo, no hagan ruido que está enfermo", decía mi madre entre horribles pellizconesde advertencia.
  Con el paso del tiempo, el tal Agustincito enterró a la mujer, a mi abuela y sobrevivió a muchos de mis tíos.
Otra presencia frecuente, pero sin residencia era Cata, una mujer flaca, puro diente y puro ojos.
Ella había sido la amiga infantil y adolescente de mis tías mayores que, para entonces, ya estaban todas casadas.Cata no. Era también de Paso de los Toros y a ella le debo haber oído temprano la expresión dragón, pero en aquel tiempo no la asocié a reptiles o dinosaurios flamígeros.Faltaban casi cincuenta años para ver Parque Jurásico.
"Dragón" era algo que le pasaba a Cata y que la hacía reír todo el tiempo, y hasta canturrear y estar alegre un rato.
Aquel estado dragón no le duraba muchoporque despuésCata desaparecía por semanas y nadie tenía noticias de ella.
  Mi madre, que tenía poco más de veinte años, ya tenía tres hijos y mis tías andaban todas ya con uno o dos hijos.Pero Cata seguía invariablemente soltera y sin esperanzas, excepto cuando caía en el estado dragón. Entonces llegaba eufórica y muy pintada. A veces traía una zapatilla de crema de la panadería del Imperio y se convertía en el centro de la rueda de mate.
No sé, no recuerdo en qué momento Cata desapareció de nuestras vidas, pero aún me quedan estas sus imágenes como un pedazo de cinta de 35 milímetros.
De aquella época recuerdo también a tía Rosa. Era una tía política más negra que un cuervo. Su cara tenía algo de pico de pájaro oscuro (no en balde a su hermano, que se parecía mucho a ella, le decían " pico chato"). Hablaba con tono serio y reposado, con permanentes referencias a asuntos religiosos que no comprendía del todo bien. Era testigo de Jehová, Devota y practicante, siempre y cuando la religión no atentara contra la diversión y las reuniones familiares, que era lo que realmente le gustaba. Entonces se transformaba, como si un espíritu sinvergüenza la hubiera poseído. Bailaba y se reía. Sobre todo mi padre, sin mucho esfuerzo y sin demasiado ingenio, la hacía reír hasta el paroxismo.
Entonces, mi tía Rosa se reía y se reía. Se le caían las lágrimas y hasta, como le pasó una vez en un picnic, se revolcaba por el piso. "Pare Dante, decía con los ojo llenos de lágrimas, ¡Pare, por favor!".
Mi viejo, lejos de parar, seguía diciendo simplezas, que a la pobre mujer la hacían desternillarse de risa y quedar al borde del colapso.
  Mi tía Rosa fue el primer adulto que vi llorar de risa.
A veces también caía a la casa de la calle Giró, mi tío Eulogio, que vivía en el Cerro con su mujer y sus cinco hijos. Por ser el marido de mi tía la mayor y porque mi vieja cuidó a sus hijos cuando era una jovencita soltera,designaron a Eulogio padrino mío.
Era un hombre tosco y curtido por las desgracias y había trabajado en el frigorífico lo burro desde niño. No tenía más conocimientos que saber leer y escribir. Pero sabíatrasmitirme una ternura muy especial. Se quedaba mirándome con asombro el centímetro o dos que yo había crecido desde la última vez que me había visto. Entonces, me levantaba y me apretaba en un abrazo de los suyos.Luego, me daba una moneda de las que seguramente no le sobraban, y se volvía al Cerro, para nosotros un lugar tan distante como el espacio exterior.
En aquella época, la casa de la calle Giró llegó a conocerun verdadero esplendor. En realidad, la verdad sea dicha,un cierto confort que después se derrumbaría sin ruido.Recuerdo la heladera eléctrica, el combinado y los discos,la biblioteca y la mesa siempre bien servida. 
  Recordando aquel mundo me siento y me veo arrellanadoen la butaca diez de la fila ocho de la sala del CineMontevideo. No estoy solo. A mi lado está el queridoPololo Pose juntando pedazos de sueños rotostrozos desechados de celuloide que develaban actos y personajesde una vida. Pero lejos, muy lejos del fondo de la trama.

jueves, 19 de junio de 2014

Amigos con bufanda

El maestro Óscar Washington Tabarez, seleccionador nacional, Daniel Muñiz musico de Puerto Madryn, Juan Descrescenzio, Juan Carlos Ingaramo de Córdoba y Omar Giammarco de Buenos Aires.

¿Dónde es que están?

En el Día del Padre Artigas es buena cosa No Olvidar.

El 5 de octubre de 1976 el Vuelo 511 del Transporte Aéreo Militar Uruguayo (TAMU) viajó a Argentina para trasladar a Montevideo , de forma ilegal, a 22 uruguayos que habían sido secuestrados en Buenos Aires y torturados en el “pozo” de Automotores Orletti. Fueron entregados a oficiales del Ejército y hoy permanecen desaparecidos.

El C-47 de la Fuerza Aérea Uruguaya (FAU), tripulado por el mayor Walter Pintos (piloto), el mayor José Pedro Malquín (copiloto) y el capitán Daniel Muñoz (tripulante), arribó a la plataforma de la Brigada de Mantenimiento y Abastecimiento del Aeropuerto Internacional de Carrasco en la madrugada y era comandado por el mayor Walter Dopazzo.

Los 22 uruguayos eran militantes del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) que, desde Argentina, resistían a la dictadura uruguaya. Fueron secuestrados en sus domicilios en setiembre y octubre por comandos de una coordinación represiva integrada por la Policía Federal, la banda de Aníbal Gordon y militares uruguayos. Los últimos estaban comandados por el mayor José Nino Gavazzo del Servicio de Información y Defensa (SID) y en la coordinación con Argentina operaron los oficiales Manuel Cordero, José Arab, Jorge Silveira, Gilberto Vázquez, Luis Maurente y Ernesto Ramas; con los policías lo hicieron Ricardo Medina y José Sande, además de un grupo de soldados.

Cuando se hacen discursos floridos sobre nuestra historia, sobre la educación y tantas cosas, es bueno recordar la responsabilidad que algunos tienen sobre la historia reciente.
No soy adepto a la casa de brujas, pero que las hay, las hay.
¿ Qué paso con el 2do. vuelo?
¿ dónde es que están los " trasladados"?

¿Habrá alguna pluma, especialista en la historia oriental, dispuesta algún día a contarnos la verdad?

martes, 6 de mayo de 2014

La " Menemizacion" de la política uruguaya.

La Peronización de la política uruguaya

1 .  Elogio de la Diversidad
Una vez en el viejo bar “La Red”, que hoy ya no existe,  en la calle Orinoco en Malvín, me encontré con Alfredo Zitarrosa que jugaba a las cartas con un grupo de vecinos.
Entré a saludar a Alfredo y hubo una pausa en la partida de truco para intercambiar saludos.
En eso se acercó un parroquiano que parecía conocerlo a Zitarrosa y  lo abrazó muy efusivamente.
El tipo estaba medio encurdelado y le decía:
-“Mirá qué es lindo ser blanco, Alfredo. Leandro Gómez…Saravia… Lorenzo Carnelli, Wilson….Mirá qué es lindo ser blanco”.
Mientras nombraba ceremoniosamemente  a aquellos hombres claves de la historia del Partido Nacional, me miraba de reojo, como buscando un gesto de coincidencia o aprobación.
El hombre dio una mirada  de inspección general a los otros de la mesa y continuó:
- "Pero es lindo ser colorado también.
Don Pepe, Domingo Arena, Julio César Grauert… Luisito Batlle Berres en su momento.Mirá qué es lindo ser colorado”
Volvió a mirarme y como no advirtió en mi el gesto o la reacción que esperaba, concluyó:
-“Ahora, ser del Frente Amplio, no tiene nada de malo”.
“ …Ha de ser lindo ser frentista”.
Una visión uruguaya, de antes, de la diversidad y de la política.

2. Santa Adelina. La política como la continuidad de los negocios.

Adelina Viola, una suerte de ¨Evita liberal¨ de la década de los ´80, surgió del mundo empresarial y se instaló como concejal de la UCD de Alsogaray(  golpista y fervorosamente anti peronista en los ´50). 
Luego fue diputada, más tarde subsecretaria del Ministerio del Interior y después titular del Banco Hipotecario durante la ¨revolución de pizza y champagne¨del Menemismo.
Cuentan que caminando por una calle céntrica de un edificio en obra unos obreros le gritaron a Adelina: ¨Qué culo mamá!¨
Ella sin inmutarse, se volvió sonriente y les contestó: ¨Si te gusta, votalo!¨
Es bueno recordar que para Adelina Viola la política es la continuidad de los negocios por otros medios, porque pasó de vivir con los rigores de la clase media a un dúplex en Palermo valuado en un millón y dólares y posteriormente se fue a vivir en el country del Club Argentino de Golf.
Ella, como muchos ¨arrimados¨ al ex presidente Menem,  hoy ha caído ¨en desgracia¨, es un decir,  y ha abandonado la política para volver al mundo de los negocios.
En el momento actual su empresa tiene entre sus principales clientes a la firma Mastec, de los herederos del dirigente anticastrista Jorge Más Canosa.
Adelina, como otros personajes vinculados al espectáculo, el deporte y el empresariado, expresan una visión de la política como una ¨oportunidad¨ de hacer  pingues negocios o alcanzar una posición de mayor lustre.
No se trata de hombres y mujeres que han llegado a ocupar posiciones en el partido por el camino de la militancia.
Son en su mayoría recién llegados, paracaidistas que saltan del podio al sillón, del tablado a la secretaría, del disfraz a la divisa, como guirnaldas y adornos del árbol de navidad electoral.
En una sociedad como la nuestra, ¨colonizada¨ por el modelo cultural que consolidó el menemismo, no resulta extraño que también se instale aquí  ¨la política de los famosos y de los mediáticos¨. 
Pobre democracia.
Así como Calígula hizo cónsul a su caballo Incitatus, ¨la política descremada y ultra light¨ nos propone como candidatos a campeones jubilados, paladines de Momo o Don Dinero, pícaros y rufianes melancólicos,  acróbatas y prestidigitadores del circo urbano y  acreedores morales que al grito de ¨Y pa´mi que hay?¨.
La sociedad de la información y de la comunicación ha llegado también al gallinero, que se revuelve con el ingreso de plumíferos poco habituales, de meteórico ascenso,  entre las ponedoras y los gallos que se levantan con el sol.

Pobre política.